Ramírez clama por una niñez latinoamericana con acceso a la civilización

Managua, 23 nov (EFE)Por Luis Felipe Palacios.- Al escritor y novelista nicaragüense Sergio Ramírez le duelen los "grandes abismos sociales" que existen en América Latina y considera un deber corregirlos, para que la niñez pueda acceder a los beneficios de la civilización.


Ramírez, que fue vicepresidente de Nicaragua (1985-1990) durante el primer gobierno constitucional sandinista, es uno de los protagonistas de la campaña "25 líderes, 25 voces por la infancia", con la que Unicef, en alianza con Efe, busca dar a conocer la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño, que cumple un cuarto de siglo este 20 de noviembre.


En una entrevista en su residencia en Managua pocos días antes de ganar el premio literario mexicano "Carlos Fuentes", afirma que en América Latina es necesaria una mejor redistribución de la riqueza y no bastan las "caridades" para acabar con la injusticia y "plagas" como las pandillas, el trabajo infantil o el éxodo de niños.


El autor de "Margarita, está linda la mar", "Castigo Divino", "Un baile de máscaras", entre otros, sueña con una niñez, sana, bien educada y que reciba los servicios educativos necesarios. "Una niñez que tenga acceso a los bienes de la civilización", sentencia.


PREGUNTA: Usted nació en 1942, prácticamente durante el inicio de la dictadura de la familia Somoza que gobernó Nicaragua durante 42 años, ¿Cómo fue su infancia?.


RESPUESTA: Yo nací en un pueblo pequeño, tranquilo. Mi pueblo (Masatepe) tenía 4.000 habitantes seguramente cuando yo empecé a crecer.


Mi familia pertenecía al partido de Somoza, de manera que yo crecí en un mundo donde Somoza era 'for ever' y mi gran ruptura con ese mundo vino cuando yo salí de Masatepe y me fui a estudiar a León, de manera que me encontré inmerso en lo que era la lucha estudiantil contra la dictadura, la agitación de todos esos años.


P: Actualmente la niñez en Nicaragua atraviesa momentos difíciles. Muchos trabajan en el campo, otros venden agua helada en los semáforos de Managua y otros han tenido que emigrar junto a sus familias a Costa Rica en busca de una vida mejor. ¿Qué opinión le merece esto?


R: Yo creo que la estructura social de Nicaragua no ha cambiado desde el siglo XIX. Se ha modernizado una pequeña parte de la sociedad y aquí seguimos viviendo en un edificio de dos pisos: unos vivimos arriba, en el piso más grande, y en el sótano vive la gente más pobre, desamparada que llegar a la escuela ya es una hazaña. Lo vemos por la cantidad de niños que no tienen acceso a la educación primaria, que tiene que desertar de la educación primaria. Llegar a la secundaria ya es otro salto muy grande, ya no digamos llegar a la universidad.


La injusticia que provocan las deserciones escolares y la falta de escolaridad lleva a las familias y a los niños mismos a emigrar. Ese es el gran drama de los niños que emigran a los Estados Unidos.


Los niños centroamericanos nos enseñan, no estoy hablando solo de Nicaragua sino de todo Centroamérica, que la injusticia sigue siendo muy radical.


P. A propósito de educación, ¿en qué consiste el trabajo de la Fundación Luisa Mercado?


R: Bueno, nosotros tenemos dos cosas. La fundación que es una fundación pequeña, sin muchos recursos, tiene una escuela de música que lleva el nombre de mi abuelo, Lisandro Ramírez, que era músico junto con todos mis tíos y allí damos enseñanza musical básica para aprender a tocar distintos instrumentos y se ha formado una orquesta juvenil pequeña. Tenemos unos 40 o 50 estudiantes matriculados en la escuela. Y luego una biblioteca pública de literatura hispanoamericana que también recibe un número bueno de visitas cada día de los estudiantes que llegan a consultar y además tenemos una sala de lectura con acceso a internet para facilitarle a los estudiantes hacer las tareas que necesitan hacerse en red.


P. Este año se cumple el 25 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, ¿cuáles cree que han sido los avances en este campo?


R: Pues yo creo que en la medida de que hay niños que se incorporan a la escuela, que reciben el número de calorías y proteínas suficientes en su alimentación que están preservados de la mortalidad infantil, neonatal, podemos decir que hay avances. No podemos decir que la situación es igual que en el siglo XIX, pero hay lugares en el mundo donde se ha avanzado en este sentido. Creo que donde se ha avanzado menos es en la injusticia social de que los niños son víctimas en medio de la pobreza.


El hecho de que los niños vayan a dar a penas se vuelven adolescentes a las pandillas juveniles en Honduras, El Salvador y Guatemala, por ejemplo, niños que son víctimas de estos éxodos forzados hacia los Estados Unidos, eso nos demuestra que los derechos de los niños siguen estando desprotegidos en muchos sentidos.


P: ¿Qué es lo que hay que hacer para que estos derechos sean cumplidos tanto en Nicaragua como en Centroamérica?


R: Yo creo que corregir los grandes abismos sociales que existen en una redistribución de la riqueza para que los recursos vayan a dar a la educación, sobre todo. La Unesco decretó en 1979 que el gasto público de la educación debería equivaler a un 7 % del PIB. Estamos muy lejos en Centroamérica y Nicaragua de alcanzar una proporción mínima de esa cantidad, pero con una educación que no sea solo masiva sino de calidad, que tenga recursos, profesores bien preparados, aulas bien concebidas, instrumentos pedagógicos a mano de los estudiantes.


Eso es lo que algún día va a acabar con esas dos plagas que todavía vivimos en Nicaragua, que es por un lado el trabajo en el campo de los niños, que los padres campesinos no lo ven como un mal, sino como una necesidad precisamente por el abismo social que todavía existe y, en segundo lugar, este otro fenómeno urbano de los niños de la calle.


Esto no depende de caridades bien organizadas ni de programas sociales, depende de la estructura de la sociedad. Si recogen niños de la calle para llevarlos a albergues o lo que sea, va a volver a llenarse la calle de niños mientras haya una fábrica que los produce, que es la pobreza. Y por otro lado en el campo siempre habrá la necesidad de la mano de obra mientras los ingresos de las familias campesinas sean tan bajos que necesitan el ingreso familiar conjunto.


P: ¿Cuál es su sueño en relación a los niños?


R: Con una niñez, sana, bien educada, que reciba los servicios educativos necesarios. Una niñez que tenga acceso a los bienes de la civilización. Yo sueño con que todos lo niños de Nicaragua lleguen a tener acceso de los medios electrónicos de comunicación y de enseñanza como las tabletas, que pudieran estudiar por medios electrónicos. Ahora se puede reunir una biblioteca de 10.000, 50.000 títulos sin necesidad de la presencia física de los libros en los lugares más alejados de Nicaragua, en San Juan del Río Coco o en Kukra Hill.


Yo aspiro a una niñez que realmente pueda construir el futuro, no como niños marginales, sino como niños insertos en una sociedad próspera. EFE


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